miércoles, 12 de febrero de 2014

Indie Game: The Movie.




“Para surcar mejores aguas, despliega ahora sus velas la navecilla de mi ingenio, que deja tras de sí un mar tan cruel” - Dante Alighieri.

La industria de los videojuegos no es una menos cruel que la mayoría de las industrias dedicadas al entretenimiento.
El ingenio y creatividad parecen estar en un continuo proceso de decadencia dentro de los juegos electrónicos, las compañías prefieren cimentar sus inversiones en secuelas, remakes o licencias.
El diseñador promedio sueña con llegar a Nintendo, EA, Epic o una de tantas grandes que hay, por medio de méritos y habilidades que los hagan sobresalir en un medio en donde la cadena alimenticia se rige por criaturas hambrientas de inmediatez del éxito y de la sobre explotación de fórmulas probadas.
Industrias afines cómo la de la música y el cine sufren de la misma malaria; transnacionales y monopolios ordeñando al máximo al consumista (ya no consumidor) con la máxima del “más vale viejo por conocido” y ahogando al genio, al creativo, a aquél que no va de frente.
La ahora ya cultura indie ha sido la respuesta del rebelde a tales acontecimientos globales; la música independiente, el cine de arte y los juegos creados por “estudios” de un puñado de personas cobran ahora tal importancia que hacen que el circulo se cierre a pasos agigantados y que el indie irremediablemente logre su metamorfosis al mainstream tan sólo para empezar de nuevo.
Indie Game The Movie es sin duda un viaje íntimo por las entrañas de un monstruo fascinante que empieza a volverse maduro: el juego de video.
Estamos frente a un documento que logra capturar al genio detrás de mundos binarios comunicados mediante comandos en un pad de consola al receptor final llamado gamer. El lado más humano de la programación, diseño y creación de un juego es desnudado durante casi 2 horas, haciéndonos parar y admirar aún más el brutal trabajo de aquellos que decidieron dedicar su vida al entretenimiento digital. Nos dimensiona y revela la tensión en contra del sádico tic-tac de nuestros próximos Kojimas, Miyamotos y Schafers, dioses paganos de feligreses demandantes y castigadores. Una obra que amenaza con separar a los débiles de los que aún conservan el sueño de poner en pixeles y polígonos sus fantasías.
La descarga emotiva del documental nos arrebata de una gran mordida, nos mastica, sólo para después escupirnos de vuelta a nuestra butaca con un gran nudo en la garganta y lágrimas en los ojos. Para el niño de treinta y tantos que ha recibido una consola en las navidades, para el solitario de cuatro paredes bajo la hipnosis de los flasheos del televisor a la mitad de la noche ha sido esta una gran velada al lado de una sala abarrotada por los de su especie en complicidad con Atomix que ha hecho posible no sólo esta sino muchas de las cosas que cualquier gamer desearía en un país en donde también pocos se atreven.

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